Juárez Celman se lanza a la práctica de un liberalismo económico sin atenuaciones ni límites de ninguna clase. Su principal y casi exclusiva preocupación es el crecimiento económico. Pareciera como si creyera que todo lo demás, incluyendo la estabilidad de su gobierno y el progreso político y social, llegaría por obligada consecuencia. Hay que reconocer sin embargo que durante su presidencia realiza un desarrollo económico necesario para el país
- Fomenta la inmigración
- Aumenta la producción agropecuaria
- Incrementa la concesión de tierras públicas
- Facilita la comercialización de productos locales
- Hace extender cerca de cuatro mil kilómetros de vías férrea
- Continúa las tareas de la construcción del puerto.
Juárez cree que el gobierno nacional no debe convertirse en empresario. Para él, esa es tarea de los particulares. Desgraciadamente, leva sus ideas al extremo, y hasta pone en venta las Obras de Salubridad. En 1887 comienza a temerse una crisis financiera que la mayoría no quiere ver. Se une, así, a la crisis política interna que debilita al Partido Autonomista Nacional dividido en dos sectores, la crisis económica y fiscal. Al año siguiente (1888) la proliferación de la riqueza fácil, conseguida a través de la especulación y del crédito otorgado a particulares sin mayor discriminación, va a acelerar la llegada del desastre, al cual contribuye el gobierno con una política imprudente. Juárez Celman sigue la táctica de conjurar la crisis económica contratando nuevos empréstitos, haciendo nuevas emisiones de papel moneda, y dejándose llevar por un ciego optimismo. Mientras se amasan grandes fortunas, muchas de ellas por medios reprochables, los asalariados ven disminuir rápidamente el valor adquisitivo de sus remuneraciones como consecuencia de la inflación desatada en el país; y las empresas comienzan a reducir los sueldos de sus empleados. Los bajos salarios, la carestía de los bienes de consumo y la desocupación crean, entre las clases trabajadoras un clima de malestar social que ha de tener repercusiones políticas. La excesiva confianza en el poder económico del país cede ante una realidad que está a la vista de todos: la Argentina se encuentra en quiebra
- Fomenta la inmigración
- Aumenta la producción agropecuaria
- Incrementa la concesión de tierras públicas
- Facilita la comercialización de productos locales
- Hace extender cerca de cuatro mil kilómetros de vías férrea
- Continúa las tareas de la construcción del puerto.
Juárez cree que el gobierno nacional no debe convertirse en empresario. Para él, esa es tarea de los particulares. Desgraciadamente, leva sus ideas al extremo, y hasta pone en venta las Obras de Salubridad. En 1887 comienza a temerse una crisis financiera que la mayoría no quiere ver. Se une, así, a la crisis política interna que debilita al Partido Autonomista Nacional dividido en dos sectores, la crisis económica y fiscal. Al año siguiente (1888) la proliferación de la riqueza fácil, conseguida a través de la especulación y del crédito otorgado a particulares sin mayor discriminación, va a acelerar la llegada del desastre, al cual contribuye el gobierno con una política imprudente. Juárez Celman sigue la táctica de conjurar la crisis económica contratando nuevos empréstitos, haciendo nuevas emisiones de papel moneda, y dejándose llevar por un ciego optimismo. Mientras se amasan grandes fortunas, muchas de ellas por medios reprochables, los asalariados ven disminuir rápidamente el valor adquisitivo de sus remuneraciones como consecuencia de la inflación desatada en el país; y las empresas comienzan a reducir los sueldos de sus empleados. Los bajos salarios, la carestía de los bienes de consumo y la desocupación crean, entre las clases trabajadoras un clima de malestar social que ha de tener repercusiones políticas. La excesiva confianza en el poder económico del país cede ante una realidad que está a la vista de todos: la Argentina se encuentra en quiebra
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